La violencia obstétrica es pseudociencia

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Consideraciones previas: Este artículo lo escribí a principios de octubre de 2018. Como véis, está plagado de enlaces a evidencia  y páginas de referencia que sostienen mis argumentos. Lo envié a un conocido periódico de izquierdas alternativo y de referencia, que rápidamente me dijo que sí, que  les interesaba mucho y que me lo publicaban y que saldría el próximo fin de semana. Pasó el fin de semana y pasó otra semana más, sin rastro del artículo. Por ello escribí nuevamente al medio, que de repente me dice que han decidido (sin avisarme) que o “modifico” (censuro) ciertas partes para no dejar mal a la medicina alopática, o no me lo publican. He dado vueltas al asunto durante muchos días y he decidido que no me siento cómoda. Me preocupa que aún fundamentando todo lo que se dice sobradamente, se priorice el “prestigio” de la medicina que conforma el statu quo, antes que la adecuación de esta misma a la evidencia que tanto predica y a la dignidad e integridad de las mujeres. Por eso opto por publicarme en mi propio blog, aún a riesgo de que el mensaje llegue a menos personas. Muy triste todo y descorazonador. Allá va:

La violencia obstétrica es pseudociencia (19 octubre 2018)

En los últimos tiempos estamos asistiendo a la persecución de las llamadas pseudociencias, primero desde los estamentos médico-sanitarios para posteriormente trasladarse también a las instituciones, bajo el argumento principal de que son disciplinas, intervenciones, diagnósticos, tratamientos o actuaciones que no están validados por la ciencia y que o bien son inefectivos, con lo cual las personas usuarias que a ellos se acogen pierden oportunidades curativas alopáticas, o en el peor de los casos son peligrosos y dañinos para la salud.

Asisto bastante sorprendida y por qué no decirlo, frustrada, a este espectáculo por las razones que expondré a continuación, pero siendo la principal la siguiente: Las mujeres, ya sea a título individual o desde organizaciones tales como Dona Llum associació catalana per un part respectat, llevamos denunciando más de una década las actuaciones obstétricas en su mayoría rutinarias que se nos practican durante embarazo y parto, no sólo no justificadas por evidencia, sino a menudo en contra de la misma.

De esta manera, España dobla las tasas de cesáreas e inducciones recomendadas por la OMS, porcentajes no olvidemos de máximos, por más que los hospitales esgriman justificaciones peregrinas que casualmente siempre culpabilizan a las mujeres.

También llegamos a niveles de uso de oxitocina sintética intraparto con el único fin de acelerarlo de alrededor del 80% en algunos hospitales, a pesar de que este medicamento está clasificado como de muy alto riesgo por el Instituto para el Uso Seguro del Medicamento.

A falta de mayor transparencia desde las instituciones, investigadoras como Adela Recio Alcaide arrojan un poco de luz: de acuerdo con un estudio realizado por ella en el año 2015, el 87,50% de las mujeres españolas pare en litotomía, es decir tumbadas, la peor postura para ellas y para el bebé pero la más cómoda para las y los profesionales de la salud.

A un 41,9% de nosotras se nos practica una episiotomía a pesar de que el máximo debería ser del 15%. No olvidemos que las episiotomías son la mutilación genital femenina socialmente aceptada en occidente.

Sufrimos cribados sistemáticos que no se realizan en otros países de Europa donde sí se sigue la evidencia, tales como los de diabetes gestacional o el estreptococo. En caso de dar positivo se nos aplican protocolos no sólo no basados en evidencia, sino contrarios a la misma, como por ejemplo las inducciones por diabetes gestacional perfectamente controlada o la profilaxis antibiótica para las que dieron positivo en estreptococo.

Ann Oakley documentó magistralmente en un libro que se convirtió en un clásico feminista relativo a la obstetricia, de nombre El útero cautivo, el ascenso de la práctica e intervenciones obstétricas a pesar de su bajo nivel de evidencia, o lo que es peor, el alto nivel de iatrogeneidad de sus prácticas (para quienes no lo sepan, iatrogenia son los daños en la salud que provocan las mismas actuaciones médicas).

Un ejemplo de muchos posibles de iatrogeneidad lo encontramos en las maniobras de Kristeller. Campan a sus anchas en España a pesar de su invisibilización: no está incluida en el currículum formativo, la/os profesionales de la salud juran no practicarla, no consta en las historias clínicas, pero basta con preguntar a las mujeres para saber que no sólo sucede, sino que es más que habitual en nuestros paritorios (sin ir más lejos mi hija y yo la hemos sufrido). Maniobra totalmente desaconsejada y por la cual profesionales obstétricos perderían su licencia para ejercer en países como Reino Unido.

Hablando del Reino Unido. Han pasado 34 largos años desde la publicación del libro de Ann Oakley y desgraciadamente la idea central del mismo sigue de rabiosa actualidad. En el año 2014 un estudio analizó las recomendaciones de las guias del Royal College of Obstetricians and Gynaecologists, llegando a la conclusión de que apenas entre un 9-12% de sus prácticas estaban basadas en evidencia sólida. No perdamos de vista que estamos hablando de Reido Unido, un país donde siendo la atención obstétrica mejorable, es infinitamente mejor que la que recibimos las mujeres en nuestro territorio.

En definitiva, a pesar de la evidencia que no para de acumularse de acuerdo con la cual embarazo y parto son en la inmensa mayoría de casos procesos saludables y fisiológicos, en España las mujeres recibimos una atención obstétrica patologizadora e intervencionista. No es que lo digamos nosotras, es que el propio Ministerio de Sanidad reconoce que de entre los modelos obstétricos europeos, el español es especialmente intervencionista.

Cientos de miles de mujeres al año reciben, en el marco de la medicina alopática, una atención obstétrica no basada en evidencia, patologizadora, intervencionista y iatrogénica. ¿Quienes son los “magufos” y los pseudocientíficos pues?

Mientras tanto, las mujeres que denunciamos la violencia obstétrica y trabajamos por un modelo obstétrico saludable y sostenible seguimos siendo calificadas de locas del parto, de esencialistas o atrasadas.

Apuntar en la dirección de la homeopatía y de las terapias alternativas es fácil. Sean o no efectivas, y teniendo en cuenta que me parece problemático generalizar sobre distintos tipos de terapias que pueden o no tener relación entre sí y estar sujetas a distintos niveles de evidencia, la realidad es que representan un eslabón débil y residual en cuanto a volumen de personas usuarias.

Lo verdaderamente difícil y valiente es exigir explicaciones y cambios a estamentos médicos poderosos y bien asentados tales como la obstetricia en una sociedad instalada en la mistificación de la ciencia y la medicina alopáticas. Son indispensables la autocrítica y la humildad, está en juego nuestra salud.

Tras varios años de activismo soy optimista: torres más altas han caído, los cambios, aunque demasiado lentos, están llegando y cada vez somos más las mujeres y las personas profesionales que luchamos por una atención obstétrica digna y basada en evidencia.

Un pensamiento en “La violencia obstétrica es pseudociencia

  1. Amelia Lucia Mussini Obstétrica, Lic. en Psicología UBA y Psicomotricista

    Marta Busquets Gallego te comento que como Obstetrica, Lic. en Psicológía y Psicomotricista desde los años 70, desarrollé investigaciones en Instituciones Públicas y Privadas para demostrar la importancia de escuchar a las mujeres y sus parejas para encontrar los mejores recursos que les permitan transitar el proceso de embarazo, parto y puerperio en forma más espontánea y fisiológica. Estas investigaciones científicas fueron publicadas en el libro “Parto, Miedo y Dolor” Con el Primer Score Internacional cuantificado, permitieron Reglamentar la Ley 25.929 de Parto Respetado en la Argentina y seguimos trabajando para que se cumpla dicha ley en todas las Instituciones de nuestro país. Llevó años visibilizar la violencia obstétrica, pero seguimos avanzando.
    Saludos
    Amelia Mussini

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