Poner una reclamación por mala atención recibida en el ámbito sanitario

A menudo me contactan mujeres que después de una mala experiencia durante el parto hospitalario (también personas en otros ámbitos de la atención sanitaria) desean recibir orientación sobre sus posibilidades de actuación ante el trato recibido.

A veces no es posible la vía judicial, ya que aunque el trato haya sido deficiente o negligente, desgraciadamente si no hay lo que se considera un daño difícilmente va a poder accederse a los tribunales, o hacerlo va a suponer un riesgo muy alto de perder la demanda con los gastos que conlleva. Es decir, aplica la injusta frase de “si tu bebé y tú estáis bien, todo está bien” (por bien entendemos estar vivos y sin secuelas evidentes).

Muchas personas consideran que si se descarta la vía judicial, ya no es posible hacer nada más. Me dicen que no vale la pena perder el tiempo poniendo una reclamación formal. Yo no estoy de acuerdo. Reclamar es una buena opción a considerar, por los siguientes motivos:

Poniendo una reclamación formal dejamos constancia oficial de lo sucedido. Desde la experiencia del activismo, sucede que cuando mantienes reuniones con las autoridades sanitarias o con la dirección de un centro, a menudo se escudan en que “no les constan quejas”. Si las personas empezamos a hacer constar quejas, ya no pueden usar esa excusa.

Poniendo una reclamación posibilitamos que hayan consecuencias hacia equipos o profesionales que no trabajan adecuadamente. Tal vez una única reclamación no tenga repercusiones automáticas (o sí), pero cuando haya varias posibilitamos que puedan emprenderse acciones desde los centros o las direcciones de los equipos.

En el caso de centros públicos, aconsejo poner quejas ante el propio centro, así como la administración sanitaria correspondiente (por ejemplo, en Cataluña el Catsalut). También cabe la posibilidad del defensor/a del pueblo. Si una persona profesional en concreto actuó mal, puede dirigirse una queja al colegio profesional al que tenga vinculación.

En el caso de los centros privados, puede involucrarse a inspección sanitaria y también puede interponerse queja formal ante la aseguradora.

Por último, no podemos descartar la vía de hacer público el testimonio vía las redes o asociaciones de defensa de las personas usuarias, para que otras personas tengan conocimiento del tipo de trato recibido en un centro o por un/a profesional determinados.

Las quejas puede redactarlas la propia persona o puede redactarlas una abogada.

He visto a menudo que en el caso de las quejas redactadas por la propia persona, acostumbran a consistir en un relato que podría considerarse de tipo emocional o vivencial. Aunque esto es totalmente respetable, en mi experiencia los centros y profesionales no se las toman enserio. Sucede con frecuencia que pasan los meses y no se recibe respuesta alguna o la que se recibe es escueta y vaga.

En cambio, aquellas reclamaciones que he redactado yo como abogada para mis clientas y clientes, partiendo del relato vivencial pero incorporando una estructura jurídica, citando los derechos vulnerados en concreto, mencionando artículos y normativa aplicable, como mínimo han recibido una respuesta por parte de los centros o profesionales, que si bien muy raramente piden disculpas ya que a menudo les puede el miedo a ser demandados si admiten un error, en la mayoría de casos incluye una respuesta mínimamente motivada.

En otras ocasiones he logrado que se inicien expedientes hacia profesionales en concreto, que aún siendo difícil que acaben en sanción debido al corporativismo y a la complejidad de estas cuestiones, implica que la persona profesional deba responder y dar cuenta de sus actos en un procedimiento formal.

Por ejemplo me encargué de interponer reclamaciones por vulnerarse la obligación de secreto médico y el derecho a la confidencialidad y a la intimidad de la información sanitaria, con el resultado de incoarse expediente administrativo hacia la profesional responsable, actualmente en curso.

El escrito no tiene que centrarse únicamente en criticar o en una aproximación negativa a los hechos, sino que también puede ser muy útil hacer peticiones concretas.

Por ejemplo, en ocasiones hemos solicitado que se revise un protocolo obsoleto o iatrogénico, introduciéndose cambios que aunque no reparan lo ya sucedido, representan una mejoría de cara al futuro.

Si has tenido una mala experiencia en relación con la atención recibida en el ámbito sanitario, puedo orientarte respecto de tus opciones así como ofrecerte mis servicios, en relación con este post, puedo redactar tus reclamaciones para incrementar las opciones de que sean atendidas debidamente.

Si bien a nivel de demandas judiciales sí que operan plazos que una vez han pasado no permiten el ejercicio de acciones legales, siempre estamos a tiempo de presentar reclamaciones. Algunas personas sienten que el hecho de presentar de forma oficial una reclamación las ayuda a pasar página, después de varios años de malestar.

Te animo a que me contactes si tienes cualquier duda o comentario.

Marta Busquets

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